Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas Sumergà el pincel en el pote aparentemente vacÃo y le di una gran pincelada en el tórax. La carne iba desapareciendo bajo el pincel. Pinté su pierna izquierda y se convirtió en un hombre de una sola pierna que desafiaba todas las leyes de gravedad. Y entonces, pincelada tras pincelada, miembro tras miembro, pinté a Lloyd Inwood hacia la nada. Fue una experiencia pavorosa y me alegré cuando sólo quedaron a la vista sus llameantes ojos negros, aparentemente suspendidos en el aire.
—Tengo una solución refinada e inocua para ellos —dijo—. Una vaporización con un rociador, y ¡presto! ya no estoy.
Cumplida esta tarea con habilidad, dijo: —Ahora me voy a mover por la habitación, y tú dime qué sensaciones experimentas.
—En primer lugar no puedo verte —dije, y pude escuchar su alegre risa desde el centro del vacÃo—. Por supuesto —continué— no puedes escapar a tu sombra, pero eso era de esperarse. Cuando pasas entre mi vista y un objeto, el objeto desaparece, pero su desaparición es tan inusitada e incomprensible que me parece que tuviera la vista borrosa. Cuando te mueves rápidamente, la sucesión de estos fenómenos crea un efecto desconcertante. Esa sensación de trazos borrosos me hace doler los ojos y me cansa el cerebro.
—¿Tienes otros indicios de mi presencia?