Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas Era una sustancia aceitosa, similar a la goma laca, que se extendÃa fácil y rápidamente sobre la piel y se secaba de inmediato.
—Una simple precaución preliminar —me explicó cuando hube terminado—. Pero ahora pasemos a la verdadera sustancia.
Tomé otro pote que él me indicaba, y miré adentro pero no vi nada.
—Está vacÃo —dije.
—Mete un dedo.
ObedecÃ, y experimenté una sensación de humedad frÃa. Al sacar la mano miré el dedo Ãndice, el que habÃa sumergido, pero ya no estaba. Lo movÃ, y me di cuenta, por la tensión y relajación alternada de los músculos, que lo estaba moviendo, pero desafiaba a mi sentido de la vista. Aparentemente, me habÃan amputado un dedo; yo no tenÃa ninguna impresión visual del dedo hasta que lo extendà a la luz y vi su sombra claramente delineada contra el suelo.
Lloyd emitió una risita: —Ahora, extiéndela y mantén los ojos abiertos.