Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas El viento lo sofocaba. No podía enfrentarlo y respirar, porque se le precipitaba en la boca y la nariz, distendiéndole los pulmones como si fueran vejigas. En esos momentos le parecía que su cuerpo estaba hinchado y repleto de tierra sólida. Sólo lograba respirar si apretaba los labios al tronco del árbol. El impacto incesante del viento lo dejaba exhausto. El cuerpo y la mente debilitadas, ya no observaba ni pensaba, y estaba semiinconsciente. Una sola idea constituía su conciencia: Así que esto era un huracán. Esa única idea persistía irregularmente. Era como una débil llama que fluctuaba de tanto en tanto. Volvía a ella de un estado de estupor: Así que esto era un huracán. Entonces caía en otros estados de estupor.