Las Muertes concentricas
Las Muertes concentricas Es mejor que usted lo haga antes del 1° de octubre. Si no es asÃ, para demostrarle que hablamos en serio, mataremos a un hombre en esa fecha, en la calle Treinta y Nueve Este. Se tratará de un obrero, a quien ni usted ni nosotros conoceremos. Usted representa una fuerza en la sociedad moderna y nosotros otra —una nueva fuerza—. Sin odio entramos en combate. Usted es la muela superior en el molino, nosotros la inferior. La vida de ese hombre será molida por las dos, pero podrá salvarse si usted acepta nuestras condiciones a tiempo.
Hubo una vez un rey maldito por el oro: su nombre está en nuestro sello oficial. Algún dÃa, para protegernos de competidores, lo haremos registrar.
Quedamos Ss. Ss. Ss.
Los Sicarios de Midas.
Tú te preguntarás, querido John, por qué no reÃrnos de una comunicación tan descabellada. No podÃamos dejar de admitir que la idea estaba bien concebida, pero era demasiado grotesca para que la tomáramos en serio. El señor Hale dijo que conservarÃa como curiosidad literaria la carta, y la metió en una casilla de su archivo. Pronto olvidamos su existencia. Y puntualmente, el 1° de octubre, el correo matutino nos trajo lo siguiente:
Oficina de los Sicarios de Midas, 1° de octubre, 1899.
Señor Eben Hale, plutócrata.