Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London —Parece como si hubiese pasado Gabriel haciendo sonar el cuerno y nos hubiese olvidado —advirtió Hootchinoo Bill.
Esta observación era casual, como si nada tuviese de extraño, igual que la réplica de Kink Mitchell, quien dijo:
—Parece como si todos hubieran sido Bautistas, hayan cogido los botes y se hubiesen marchado.
—Mi abuelo era Bautista —afirmó Hootchinoo Bill—. Y sostenía siempre que por ahí se llegaba antes al cielo.
Amarraron la canoa y treparon por la elevada ribera. Mientras avanzaban por las desiertas calles se fue apoderando de ellos una sensación de miedo. La luz del sol se derramaba plácidamente sobre la ciudad. Un vientecillo suave hacía golpear las cuerdas contra el mástil de la bandera frente a la puerta cerrada del Caledonia Dance Hall. Zumbaban los mosquitos, cantaban los pitirrojos y correteaban hambrientos los gorriones entre las cabañas; pero no había ningún vestigio de vida humana.
—Me estoy muriendo de sed —dijo Hootchinoo Bill, y su voz inconscientemente bajó de tono hasta convertirse en un ronco murmullo.