Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Tres meses después volvían a pasar por allí, en medio de un temporal de nieve, y se extraviaron por el camino de 24 Eldorado. Fue mera casualidad su paso por este paraje. No iban en busca de la concesión, y a través de la blancura no se dieron cuenta de que andaban cerca hasta que pusieron el pie en ella. Y entonces se despejó el aire y vieron un hoyo que un hombre llenaba valiéndose de una polea. Vieron también cómo sacaba de un agujero un cubo lleno de arena y lo inclinaba en el borde del hoyo. Asimismo vieron a otro hombre, que les era conocido, y que llenaba otra vasija con la arena recién sacada. Tenía las manos grandes, el cabello de un rubio pálido. Pero antes de que pudieran alcanzarle, se había alejado con la vasija en dirección hacia la cabaña. No llevaba sombrero, y la nieve que le resbalaba por el cuello era en gran parte la causa de su prisa. Bill y Kink corrieron tras él y le sorprendieron en la cabaña arrodillado junto a la estufa, lavando la arena del recipiente en un cubo de agua. Estaba tan absorto, que no se percató de que alguien había entrado en la cabaña. Se quedaron detrás de él mirando lo que hacía. Imprimía al cubo un movimiento circular, deteniéndose a veces para recoger con los dedos las partículas mayores de arena. El agua estaba turbia, y con la vasija hundida en ella no podían ver el contenido. De pronto levantó la vasija y tiró el agua con un gesto rápido. En el fondo se vio una masa amarilla que parecía manteca encerrada en una mantequera.