Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Aun cuando todo estuvo dispuesto, me suplicó mi hermano que permaneciese veinticuatro horas más en mi casa, por si la peste estuviese todavía en el periodo de incubación. Accedí a ello, y él prometió venir a buscarme al día siguiente. Seguimos hablando de nuestros proyectos sobre el aprovisionamiento y defensa del Palacio de la Química, hasta que el teléfono dejó de funcionar. Aquella noche no hubo luz eléctrica y estuve completamente a oscuras en mi casa. Ya no se editaban periódicos, y por lo tanto no podía tener noticias de lo que ocurría fuera. Oía el estrépito de las revueltas, los disparos de pistola, y veía desde mi ventana reflejarse en el cielo el resplandor de los incendios en dirección de Oakland. Fue una noche terrorífica, durante la cual no pude dormir ni un momento. En la acera de enfrente mataron a un hombre. Oí los rápidos disparos de una pistola automática, y minutos más tarde, aquel hombre herido se arrastraba hacia mi puerta pidiendo auxilio. Avancé armado de dos pistolas automáticas y pude cerciorarme a la luz de una cerilla de que al mismo tiempo que moría de sus heridas tenía también la epidemia. Me metí corriendo en mi casa, desde donde durante media hora oí todavía sus gritos y lamentos.