Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Por la mañana llegó mi hermano. Yo había recogido en una maleta los objetos de valor que pensaba llevarme, pero al ver su rostro comprendí que ya no me acompañaría al Palacio de la Química. Tenía la peste. Intentó estrecharme la mano, pero retrocedí enseguida.
—¡Mírate al espejo! —le dije.
Lo hizo así, y a la vista de su rostro enrojecido, que iba oscureciéndose por momentos, se dejó caer, sin fuerzas, en una silla.
—¡Dios mío! —exclamaba—. No te acerques.
Poco después empezaron las convulsiones. Tardó en morir dos horas. Conservó hasta el fin la lucidez, quejándose del frío y de la pérdida de sensibilidad en los pies, en las piernas, en los costados, hasta que llegó al corazón y murió.
Así destruía la peste escarlata. Cogí la maleta y hui. El aspecto de las calles era aterrador. Por todas partes se tropezaba con apestados; algunos no habían muerto todavía. Y mientras iba avanzando, veía caer a los hombres presa de la muerte. En Berkeley ardían numerosas hogueras, en tanto que Oakland y San Francisco parecía que hubiesen desaparecido en medio de vastos incendios. El humo llenaba de tal modo el firmamento, que el mediodía era como un atardecer triste, y en los cambios de viento, el sol, brillando a través de aquella penumbra, aparecía como un disco de un rojo sombrío. En verdad, hijos míos, que aquello parecía el fin del mundo.