Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Pero en uno de los laboratorios, donde se habían instalado tres familias, encontramos aquella tarde en los distintos pisos nada menos que cuatro cadáveres y siete casos de epidemia.
Entonces fue cuando empezó la alarma. Dejando a los muertos en el mismo lugar donde caían, obligábamos a los sanos a mudarse a otra habitación. La peste empezó a manifestarse entre los restantes, y tan pronto como aparecían los síntomas, enviábamos a los atacados a las habitaciones abandonadas, obligándoles a ir por su pie, a fin de evitar el tener que tocarles luego que muriesen. Esto era muy doloroso. La peste seguía ensañándose sin tregua, y las habitaciones, una tras otra, fueron llenándose de cadáveres y moribundos. Y así, los que continuábamos inmunes, nos íbamos retirando de un piso al otro, ante esta ola de muerte que inundaba el edificio.