Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London El chófer era uno de los criados que habían huido al declararse la peste, y cuando regresó, dos meses después, descubrió a Vesta en un pequeño pabellón donde nadie había muerto y donde ella se había instalado. El chófer era un bruto. Vesta se asustó al verle y corrió enseguida a esconderse entre los árboles. Aquella misma noche huyó hacia la montaña; pero sus delicados pies no conocían el roce de las piedras ni los rasguños de las zarzas, y él la siguió y pudo alcanzarla sin esfuerzo alguno. La apaleó, ¿comprendéis? Le pegó con aquellos puños terribles y la hizo su esclava. Ella era quien debía buscar la leña para el fuego, encenderlo, guisar y hacer todos los trabajos más degradantes. La obligaba a esto mientras que él, como un verdadero salvaje, se tumbaba en el suelo para mirar cómo trabajaba. No hacía nada, absolutamente nada, excepto cazar y pescar.
—¡Bravo por el chófer! —comentó en voz baja Hare-Lip—. Era una mala bestia, pero hacía muchas cosas y todo iba adelante. Era un valiente. A nosotros nos hacía estar de pie en derredor suyo. Hasta cuando se encontraba en las últimas, me cogió una vez y me abrió la cabeza con ese bastón tan largo que llevaba siempre.