Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Añadió, además, que si me sorprendía haciendo carantoñas a su mujer, me retorcería el pescuezo y a ella le daría una paliza. ¿Qué podía hacer? Estaba realmente asustado. ¡Era tan salvaje! La noche en que llegué al campamento, Vesta y yo departimos agradablemente de cosas de nuestro mundo desaparecido. Hablamos de arte, de libros, de poesía; y el chófer nos escuchaba refunfuñando y mofándose de nosotros. Le fastidiaba esta conversación, que no comprendía, y sin poder contenerse, me dijo:
—Vea, profesor Smith, esta Vesta Van Warden, que fue esposa del Magnate, esta buena moza es ahora mi mujer. ¡Eh, profesor, cómo han cambiado los tiempos! Tú, Vesta, quítame las sandalias. Quiero mostrar al profesor Smith lo bien que te he amaestrado.
Vi cómo ella apretaba los dientes y cómo brillaban sus ojos en un momento de rebelión; pero el chófer, brutalmente, levantó el puño, dispuesto a pegarle. El miedo paralizó mi corazón. Yo no podía luchar con aquel bárbaro, y por lo tanto, me levanté para salir y no ser testigo de tanta iniquidad. El chófer, riéndose, me amenazó con una paliza si no me quedaba. Y yo, sentado allí por fuerza, vi a Vesta Van Warden arrodillarse y descalzar a aquella bestia humana, peluda y simiesca que se permitía mofarse de nosotros.
… ¡Oh, vosotros no lo comprendéis, hijos míos! Nunca habéis conocido otra cosa y no comprendéis.