Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London Kitty ordenó que le trajeran a su hija, y mientras los niños a su manera entraban en relaciones, las mujeres hablaban de cosas de madres y bebían té en tazas tan frágiles que Jees Uck temió que la suya se hiciera añicos entre sus dedos. Nunca había visto tazas tan delicadas y exquisitas. En su mente las comparó con la mujer que servía el té, y al instante, contrastando con ellas, recordó las calabazas y pannikins de la aldea de los toyaats y la grosera vajilla de Twenty Mile con los que ella misma se comparaba. En esta forma y en estos términos se le presentó el problema. Se sintió derrotada. Allí había una mujer que no era ella, mejor dispuesta para producir y educar a los hijos de Neil Bonner. Así como la raza de aquel hombre era superior a la suya, también aquellas mujeres la superaban a ella. Ellas dominaban a los hombres, de la misma manera que sus hombres dominaban al mundo. Se fijó en la delicadeza de rosa del cutis de Kitty y recordó su propio rostro atezado. Sus ojos pasaron de la mano oscura a la mano blanca: la una deformada por el trabajo y endurecida con el manejo del látigo y del remo, la otra ignorante del esfuerzo y tan suave como la de un niño recién nacido. Y a pesar de la evidente suavidad y de la debilidad aparente, Jees Uck dirigió su mirada hacia los ojos azules descubriendo en ellos la fuerza y el dominio que había visto en los de Neil Bonner y de todos los suyos.