Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London La pequeña Kitty Bonner, como un hada envuelta en gasas, con las mejillas sonrosadas y los ojos azules, saltarines, estiraba los brazos y tendÃa los labios con un gesto seductor, esforzándose por besar al chiquillo. Y el muchacho, delgado y flexible, de cutis asoleado y oscuro, vestido de piel, bucle de pelo, y cuyos muclucs despeinados revelaban el áspero roce del mar, correspondÃa frÃamente, con el cuerpo erguido y tieso —con la erección peculiar y común a los niños salvajes— a las insinuaciones de ella. Extranjero en tierra extraña, no conociendo el miedo y la vergüenza, semejaba más un animal indómito, silencioso y vigilante, dirigiendo rápidamente sus ojos negros de una a otra cara, quieto mientras durara la tranquilidad, pero dispuesto a saltar y combatir, a romper y desgarrar por la vida a la primera señal de peligro.
El contraste entre ambos niños era sorprendente pero no inspiraba lástima. HabÃa demasiado vigor en el chiquillo, heredero de la generación de Spack, Spike O’Brien y Bonner. En sus facciones bien talladas como un camafeo, y que por su severidad parecÃan clásicas, habÃa la energÃa y decisión de su padre, de su abuelo y del llamado Big Fat a quien apresaron los marinos y que huyó a Kamchatka.
Neil Bonner luchó con su emoción, la reabsorbió y la ahogó, pero su rostro sonrió con la alegrÃa y complacencia que se experimentan al encontrar un amigo.