Los mejores cuentos de Jack London
Los mejores cuentos de Jack London —Te repito que jugar un poco —dijo uno de aquellos dos hombres.
—No está mal —contestó el interpelado, volviéndose, al hablar, hacia el indio que en un rincón de la cabaña, remendaba unos zapatos para la nieve—. Tú, Billebedam, corre como un buen muchacho a la cabaña de Oleson, y dile que deseamos que nos preste la caja de dados.
Este encargo inesperado, hecho después de una conversación sobre salarios y alimentos, sorprendió a Billebedam. Además, eran las primeras horas de la mañana y él nunca habÃa visto a hombres de la categorÃa de Pentfield y Hutchinson jugar a los dados hasta después de terminado el trabajo diurno. Pero cuando se puso los mitones y se dirigió a la puerta, su semblante estaba impasible, como el de todo indio del Yukon.
A pesar de que ya eran las ocho, fuera reinaba todavÃa la oscuridad y la cabaña estaba alumbrada por una vela de grasa clavada en una botella vacÃa de whisky colocada sobre una mesa de pino entre un amasijo de platos de estaño, sucios. La grasa de innumerables bujÃas habÃa goteado por el largo cuello de la botella y se habÃa endurecido formando un glaciar en miniatura. La pequeña habitación presentaba el mismo desorden que la mesa; en un extremo, junto a la pared, habÃa una litera con las mantas revueltas, tal como las habÃan dejado los dos hombres al levantarse.
