Martin Eden
Martin Eden —SÃ… pero ¡mÃrelo ahora! —exclamó ella con entusiasmo—. Piense en todo lo que puede hacer con sus ingresos. Sus sacrificios se han visto mil veces recompensados.
Martin clavó la vista en ella.
—Le apuesto lo que quiera a que el señor Butler no es feliz con su dinero —dijo—. Pasó tanta hambre siendo un muchacho que seguro que tiene el estómago destrozado.
Ruth bajó los ojos ante su mirada inquisitiva.
—¡Apuesto a que ahora padece dispepsia! —afirmó Martin.
—Es cierto —confesó ella—; pero…
—Y apuesto a que es serio y solemne como un viejo búho —prosiguió él—, y a que le importa un bledo pasarlo bien, a pesar de sus treinta mil dólares anuales. Y seguro que le fastidia ver cómo se divierten los demás. ¿A que tengo razón?
Ruth asintió con la cabeza y se apresuró a explicar:
—Pero no es esa clase de hombre. Es serio y adusto por naturaleza. Siempre lo ha sido.