Martin Eden
Martin Eden El viernes por la noche acabó su narración de veintiún mil palabras. Calculó que, a dos centavos por palabra, cobraría cuatrocientos veinte dólares. No estaba mal por el trabajo de una semana. Jamás había tenido tanto dinero junto. No sabía en qué podría gastárselo. Había encontrado una mina de oro. Y podría seguir sacando de ella cuanto quisiera. Planeó comprarse algo de ropa, suscribirse a muchas revistas y hacerse con los diccionarios y enciclopedias que tenía que consultar en la biblioteca. Y seguían sobrándole bastantes dólares. Pero eso dejó de preocuparle cuando se le ocurrió contratar a una criada para Gertrude y comprarle a Marian una bicicleta.