Martin Eden
Martin Eden Justo antes de llegar a la acera, se acordó de Minnie. Minnie era muy perfeccionista. El segundo día que salieron le había echado en cara que caminase por la parte interior de la acera, y le había dicho en tono imperioso que los caballeros siempre lo hacían por la parte exterior… cuando acompañaban a una dama. Y Minnie se había acostumbrado a darle puntapiés en los talones cuando cruzaban la calle, a fin de que no se le olvidara. Martin se preguntaba de dónde habría sacado aquella norma de etiqueta, si su procedencia era la debida y sería correcta.
Cuando llegaron a la acera, resolvió que no perdería nada probándolo; y pasó por detrás de Ruth para colocarse en la parte exterior. Entonces se le presentó otro problema. ¿Tenía que ofrecerle su brazo? Jamás se lo había ofrecido a nadie. Las muchachas que él conocía nunca iban del brazo de sus acompañantes. Las primeras veces que salían juntos caminaban separados, y luego ellos les rodeaban el talle con el brazo y ellas apoyaban la cabeza en el hombro de los jóvenes cuando las calles no estaban iluminadas. Pero aquello era diferente. Ella no era una muchacha de esa clase. Tenía que decidir algo.