Martin Eden
Martin Eden Se sentaron cogidas del brazo y, mientras Ruth guardaba silencio, su madre le acarició la mano y esperó a que continuara.
—Pero me interesa muchÃsimo —prosiguió—. En cierto modo es mi protegido. Y, además, es mi primer amigo… no exactamente amigo; más bien una mezcla de amigo y protegido. Y también a veces, cuando me da miedo, parece un bulldog que yo habÃa creÃdo de juguete, como algunas compañeras de universidad, tirando muy fuerte de la correa, enseñando los dientes, y amenazando con soltarse.
Su madre aguardó de nuevo.
—Me interesa, supongo, como el bulldog. Y, además, hay muchas cosas buenas en él; pero hay tantas otras que no me gustarÃan en… en ese otro sentido. Verás, he estado pensando. Suelta juramentos, fuma, bebe, ha peleado con los puños (me lo ha contado él, y asegura que le gusta). No es nada de lo que un hombre deberÃa ser… un hombre con el que yo quisiera… —su voz se convirtió en un susurro— casarme. Y es demasiado fornido. Mi prÃncipe debe ser alto, delgado y moreno… un prÃncipe elegante y cautivador. No, no hay ningún peligro de que me enamore de Martin Eden. SerÃa lo peor que podrÃa ocurrirme.