Martin Eden
Martin Eden —Sabes que no hago nada sin consultarlo antes contigo —empezó a decir—. Sólo que a veces tienes que preguntarme… como has hecho ahora. QuerÃa contártelo, pero no sabÃa cómo. Sé que es falsa modestia, pero puedes hacerme las cosas más fáciles. En situaciones como ésta, tienes que preguntarme, tienes que darme esa oportunidad. ¡Tú también eres una mujer, madre! —exclamó exultante al ponerse en pie, cogiendo las manos de su madre e irguiéndose frente a ella, a la luz del crepúsculo, consciente de una igualdad extraña y dulce entre las dos—. Jamás habrÃa pensado en ti de ese modo si no hubiéramos tenido esta conversación. He tenido que aprender que soy una mujer para saber que tú también lo eres.
—Las dos lo somos —dijo su madre, acercándose a ella y dándole un beso—. Las dos lo somos —repitió mientras salÃan de la estancia, enlazadas por la cintura, con un nuevo sentimiento de camaraderÃa en sus corazones—. Nuestra pequeña se ha convertido en una mujer —comentó la señora Morse orgullosamente a su marido una hora más tarde.
—Eso significa —respondió él, después de una larga mirada a su esposa—, eso significa que se ha enamorado.
—No, significa que se han enamorado de ella —respondió sonriendo—. El experimento ha sido un éxito. Al fin ha despertado.