Martin Eden
Martin Eden —He dormido hasta la hora de cenar —dijo—. Me ha curado del todo, señor Eden, y no sé cómo darle las gracias.
Martin, feliz y emocionado, farfulló una respuesta; y, mientras hablaba por teléfono con ella, danzaba en su imaginación el recuerdo de Browning y la inválida Elisabeth Barrett. Lo que se habÃa logrado una vez podÃa conseguirse de nuevo, y él, Martin Eden, podÃa hacerlo y lo harÃa por Ruth Morse. Regresó a su habitación y al volumen de sociologÃa de Spencer, abierto sobre la cama. Pero fue incapaz de leer. El amor le atormentaba y quebrantaba su voluntad, de modo que, pese a su firme determinación, se encontró sentado ante la mesa manchada de tinta. El soneto que compuso aquella noche fue el primero de un ciclo de cincuenta sonetos de amor que completó en dos meses. Los Sonetos del portugués[12] le sirvieron de inspiración, y escribió en las mejores condiciones: en el climaterio de la vida y en pleno delirio amoroso.