Martin Eden
Martin Eden Martin movió la cabeza.
—QuerÃa decir que vuelvo a mis escritos —el rostro de Ruth palideció y él se apresuró a añadir—: no me juzgues mal. Esta vez no tengo ideas descabelladas. Enfocaré la cuestión de un modo frÃo, prosaico, práctico… como si fuera un negocio. Es mejor que volver a embarcarme, y ganaré más dinero del que podrÃa conseguir en Oakland un hombre sin oficio.
»Estas vacaciones me han dado cierta perspectiva. No he estado trabajando como una bestia de carga, ni he escrito, al menos con la intención de publicar. Lo único que he hecho ha sido amarte y pensar. También he leÃdo algo, pero ha sido para reflexionar, y he leÃdo sobre todo revistas. He generalizado sobre mÃ, el mundo, mi lugar en él y mis posibilidades de alcanzar una posición digna de ti. Y he estado leyendo la FilosofÃa del estilo de Spencer, y he descubierto lo que me pasaba… mejor dicho, lo que les pasaba a mis escritos; en realidad, a casi todo lo que se publica mensualmente en las revistas.