Martin Eden
Martin Eden —Que tus mejores escritos, los que tú consideras mejores, no se venden. Lo has intentado… ya lo sabes, pero los directores de las revistas no los quieren.
—Dame tiempo, tesoro —dijo él—. Sólo será un trabajo provisional, no me lo tomaré en serio. Dame dos años. Para entonces habré triunfado, y a los directores les encantará comprar mis escritos. Sé lo que digo; tengo confianza en mà mismo. Soy consciente de lo que hay en mi interior; ahora sé lo que es la literatura; conozco la clase de tonterÃas que escribe la gente mediocre; y sé que dentro de dos años estaré en la senda del éxito. En cuanto a los negocios, estoy seguro de que fracasarÃa en ellos. No me gustan. Me parecen aburridos, estúpidos, materialistas, engañosos. En cualquier caso, no sirvo para ellos. SerÃa siempre un empleado, y ¿cómo podrÃamos ser felices tú y yo con el modesto sueldo de un empleado? Quiero lo mejor del mundo para ti, y sólo dejaré de desearlo cuando encuentre algo más maravilloso. Y voy a conseguirlo, lo conseguiré todo. Los ingresos de un autor de éxito son muy superiores a los del señor Butler. Con un best seller se puede ganar entre cincuenta y cien mil dólares… a veces más, a veces menos; pero, por lo general, una cifra aproximada.
Ruth guardó silencio; su desencanto era manifiesto.
—¿Y bien? —preguntó él.