Martin Eden
Martin Eden La siguiente suma que apareció fue 2.50. Se sintió perplejo, y empezó a darle vueltas al asunto como si fuera una cuestión de vida o muerte. Le debía dos dólares y medio a alguien, estaba seguro, pero ¿a quién? Un universo maligno e imperioso le había impuesto la tarea de descubrirlo, y, mientras buscaba en vano la respuesta, caminó por los interminables pasadizos de su mente, abriendo toda clase de trasteros y aposentos llenos de retazos de recuerdos y conocimientos. Después de mucho tiempo cayó en la cuenta, de repente, sin esfuerzo, de que se los debía a Maria. Con gran alivio, volvió su alma hacia la pantalla de tortura bajo los párpados. Había resuelto el problema; ahora podría descansar. Pero no, los 2.50 desaparecieron, y en su lugar ardieron 8.00. ¿De quién eran? Tendría que volver a recorrer los sombríos pasadizos de su memoria y descubrirlo.
Perdió la noción del tiempo, pero, después de lo que parecieron siglos, un toque en la puerta y Maria preguntándole si estaba enfermo le devolvieron a la realidad. Con una voz apagada que no reconoció, contestó que sólo estaba durmiendo un poco. Le sorprendió ver que había anochecido. Había recibido la carta a las dos de la tarde, y comprendió que estaba enfermo.