Martin Eden
Martin Eden Ruth consiguió torcer a la derecha y a la izquierda y a la derecha de nuevo, y recorrer el estrecho paso entre la mesa y la cama hasta llegar junto a Martin; pero Arthur giró demasiado y chocó ruidosamente con las cazuelas y sartenes del rincón de la cocina. Arthur no se quedó mucho tiempo. Ruth ocupaba la única silla y, habiendo cumplido con su deber, salió de la casa y esperó junto a la verja entre siete maravillados Silva que le observaban como si fuera una atracción de feria. Alrededor del carruaje se aglomeraban los niños de una docena de manzanas, esperando impacientes algún trágico o terrible desenlace. Los carruajes sólo aparecían por allí en las bodas y en los funerales. Aquello no era una boda ni un funeral; por consiguiente, era algo que trascendía su experiencia y por lo que merecía la pena esperar.