Martin Eden
Martin Eden Animado por sus pequeñas ventas, Martin volvió a escribir cosas sin importancia para los periódicos. Quizá fuera posible vivir de eso, después de todo. Debajo de su mesa seguían amontonados los veinte cuentos cortos que había rechazado la agencia. Los releyó todos para descubrir sus errores, y, al hacerlo, discurrió la fórmula perfecta. Comprendió que esos cuentecillos nunca debían ser trágicos, ni tener finales infelices, ni un lenguaje hermoso, ideas sutiles o sentimientos delicados. Es cierto que debían rezumar sentimientos puros y nobles, como los que él había aplaudido en su temprana juventud desde el gallinero de los teatros: la clase de sentimientos que uno encontraba en obras como Por Dios, por la patria y el zar o Pobre, pero honrado.
Después de tomar esas precauciones, Martin consultó La duquesa para hallar el tono conveniente, y puso en práctica su fórmula. Ésta constaba de tres partes:
1) Separación forzosa de una pareja de enamorados.
2) Alguna acción o acontecimiento los reúne de nuevo.
3) Suenan campanas de boda.