Martin Eden
Martin Eden Para colmo, perdió «La cazuela», que él consideraba uno de sus mejores cuentos. Presa de la desesperación, buscando con frenesí nuevas revistas, lo había enviado a The Billow, un elegante semanario de San Francisco. Y el principal motivo de que lo mandara allí fue que, al estar tan cerca de Oakland, al otro lado de la bahía, su respuesta no tardaría. Dos semanas después se llevó una gran alegría al ver en el quiosco su relato publicado íntegramente en el último número de The Billow, con ilustraciones y en el sitio de honor. Regresó a casa con el corazón palpitante, preguntándose cuánto le pagarían por uno de sus mejores trabajos. Además, la rapidez con que lo habían aceptado y publicado le llenaba de orgullo. Que el director no le hubiera comunicado la aceptación aumentaba su sorpresa. Después de esperar una semana, dos semanas, y media semana más, su desesperación fue mayor que su timidez, y escribió al director sugiriendo que tal vez se habían olvidado de su cheque por algún descuido del gerente.
«Aunque sólo sean cinco dólares —pensó Martin—, me permitirán comprar suficientes judías y sopa de guisantes para poder escribir media docena de historias parecidas, y probablemente igual de buenas».
Recibió una carta muy fría del director que, cuando menos, despertó su admiración.