Martin Eden
Martin Eden —La filosofÃa de la locura —replicó su amigo—. Lo he comprobado en mis sueños con hachÃs. Pero tenga cuidado. Estas ciudades burguesas le destruirán. FÃjese en esa guarida de traidores donde le conocÃ. Peor que la madera carcomida. Nadie puede mantener la cordura en un ambiente asÃ. Es degradante. No hay nadie, hombre o mujer, que no se envilezca en él; todos son estómagos ambulantes guiados por los elevados impulsos intelectuales y artÃsticos de las almejas…
Se detuvo unos instantes y miró a Martin. Su cerebro se iluminó y comprendió la situación. Fue incapaz de disimular su sorpresa y su horror.
—Entonces escribió el extraordinario Ciclo del amor para ella… ¡para esa mujer pálida y esmirriada!
La mano derecha de Martin agarró con fuerza su garganta, y empezó a zarandear a Brissenden hasta que sus dientes castañetearon. Pero, al mirarle a los ojos, Martin no vio el miedo reflejado en ellos… sólo la expresión de un diablo curioso y burlón. Entonces recobró la serenidad y, soltándole el cuello, arrojó a su amigo sobre la cama.
Brissenden estuvo jadeando y respirando con dificultad unos instantes; luego se echó a reÃr.
—Le habrÃa agradecido eternamente que apagara la llama —dijo.