Martin Eden
Martin Eden —Tengo los nervios muy alterados —se disculpó Martin—. Espero no haberle hecho daño. Le prepararé otro ponche.
—Me recuerda usted a un atleta griego —señaló Brissenden—. Me pregunto si estará lo bastante orgulloso de su cuerpo. Es endemoniadamente fuerte. Parece una pantera, un cachorro de león. Bueno, supongo que tendrá que pagar un precio por esa constitución.
—¿Qué quiere decir? —preguntó Martin con curiosidad, pasándole un vaso—. Tome, beba esto y pórtese bien.
—Porque… —Brissenden bebió a sorbos el ponche y sonrió agradecido—, porque las mujeres le perseguirán hasta el dÃa de su muerte, como han hecho hasta ahora, o yo he nacido ayer. Bueno, no tiene ningún sentido que me estrangule; y voy a darle mi opinión. Sin duda se trata de su primer amor; pero ¡por respeto a la Belleza!, tenga mejor gusto la próxima vez. ¿Qué demonios quiere hacer con esa hija de la burguesÃa? Déjelos en paz. Elija una mujer rebelde y apasionada, que se rÃa de la vida y se burle de la muerte y le ame mientras pueda. Esas mujeres existen, y estarán tan dispuestas a amarle como cualquier producto pusilánime de una vida burguesa y protegida.
—¿Pusilánime? —protestó Martin.