Martin Eden
Martin Eden »No se encuentra placer en lo que se logra sino en el proceso de lograrlo. No necesita decÃrmelo. Lo sé. Y usted también lo sabe. La belleza le hace daño. Es un dolor que no cesa, una herida que no cicatriza, un cuchillo que abrasa. ¿Por qué negociar con las revistas? Persiga la belleza. ¿Por qué convertir la belleza en oro? En cualquier caso, no puede; asà que no tiene sentido que me enfade. Puede pasar mil años leyendo revistas y nunca encontrará algo que valga lo que un verso de Keats. Olvide fama y dinero, embárquese mañana y vuelva a su mar.
—No lo hago por la fama, sino por el amor —se rió Martin—. El amor no parece tener un lugar en su Cosmos; en el mÃo, la Belleza es sierva del Amor.
Brissenden le miró con lástima y con admiración.
—Es usted tan joven, Martin, tan joven. Llegará muy alto revoloteando, pero sus alas son de una gasa muy fina y están espolvoreadas con los pigmentos más delicados. No se las queme. Aunque es evidente que ya se las ha quemado. Necesitaba alguna prenda femenina cubierta de gloria para justificar ese Ciclo del amor, y es una lástima.
—También ensalza el amor, no sólo una prenda femenina —dijo Martin riendo.