Martin Eden
Martin Eden —¡Saque el dinero, venerable caballero, usted, que desanima a los jóvenes y nuevos talentos! —le gritó Martin—. Sáquelo o se lo quito a la fuerza, aunque sea en monedas de cinco centavos —y luego a los dos asustados espectadores—: ¡No se acerquen! Como se les ocurra intervenir, alguien puede salir herido.
El señor Ends se estaba ahogando, y no pudo manifestar su conformidad con el plan hasta que Martin dejó de apretar su garganta. Después de rebuscar en su bolsillo, encontró cuatro dólares y quince centavos.
—Vamos, dele la vuelta… —ordenó Martin.
Cayeron otros diez centavos. Martin contó el resultado de su incursión por segunda vez para estar seguro.
—Y ¡ahora usted! —le gritó al señor Ford—. Quiero setenta y cinco centavos más.
El señor Ford no opuso resistencia, y encontró sesenta centavos en sus bolsillos.
—¿Seguro que no tiene más? —preguntó Martin con aire amenazador, adueñándose de las monedas—. ¿Qué lleva en el chaleco?
En prueba de su buena fe, el señor Ford dio la vuelta a sus bolsillos. Una pequeña tira de cartulina cayó al suelo. La recogió y se disponÃa a guardarla cuando Martin gritó: