Martin Eden
Martin Eden La carta en cuestión estaba escrita a mano, toscamente. En ella se prodigaban los insultos más zafios a Martin, y se afirmaba que «el tal Martin Eden» que mandaba artículos a las revistas no tenía nada de escritor, y que en realidad sacaba las historias de antiguas publicaciones, y luego las mecanografiaba y las vendía como suyas. El sobre llevaba matasellos de San Leandro. Martin no necesitó pensarlo dos veces para descubrir al autor. La gramática de Higginbotham, las expresiones de Higginbotham, las peculiaridades y los procesos mentales de Higginbotham. Martin veía en cada línea, no la delicada mano italiana, sino el torpe puño de tendero de su cuñado.