Martin Eden
Martin Eden —Sin duda los dos son excelentes médicos —exclamó—, pero, si les interesa un poco la opinión del paciente, les diré que su diagnóstico es erróneo. En realidad son ustedes quienes padecen la enfermedad que creen encontrar en mÃ. Yo soy inmune a ella. La filosofÃa socialista que corre confusa por sus venas nunca ha hecho mella en mÃ.
—Ingenioso, muy ingenioso —murmuró el juez—. La mejor estratagema en una controversia es invertir las posiciones.
—Ésa es su teorÃa —los ojos de Martin centelleaban, pero no habÃa perdido el dominio de sà mismo—. Verá, juez, he escuchado sus discursos electorales. Mediante algún proceso henÃdico —henÃdico, dicho sea de paso, es una de mis palabras favoritas que nadie entiende—, mediante algún proceso henÃdico ha logrado convencerse a sà mismo de que cree en el sistema competitivo y en la supervivencia del más fuerte, y al mismo tiempo respalda enérgicamente toda clase de medidas encaminadas a debilitar al más fuerte.
—Querido joven…