Martin Eden
Martin Eden »“El filósofo de la gente con una educación superficial”», le llamó un profesor de filosofía indigno de respirar el mismo aire que él. No creo que haya usted leído ni diez páginas de Spencer, pero ha habido críticos, supuestamente más inteligentes que usted, que tampoco han leído más de él y que han retado públicamente a sus seguidores a que defendieran una sola idea de sus escritos… de los escritos de Herbert Spencer. El hombre que ha dejado la huella de su genio en todo el campo de la investigación científica y del pensamiento moderno; el padre de la psicología; el hombre que ha revolucionado la pedagogía de tal modo que los hijos de los campesinos franceses aprenden hoy en día a leer y escribir, y aritmética elemental, siguiendo los principios por él establecidos. Y algunos escorpiones clavan el aguijón en su memoria, a pesar de ganarse el pan con la aplicación técnica de sus ideas. Lo poco que hay de valor en sus cerebros se lo deben básicamente a él. Lo cierto es que, de no haber existido Spencer, apenas habría alguna verdad en los conocimientos que aprendieron como papagayos.