Martin Eden
Martin Eden Porque Martin nadaba en problemas. Las consecuencias de la acción del periodista eran incluso más funestas de lo que había imaginado. El tendero portugués se negaba a fiarle, mientras que el verdulero, un americano muy orgulloso de su nacionalidad, le había llamado traidor y se negaba a tratar con él, llevando su patriotismo hasta el extremo de cancelar la cuenta de Martin y prohibirle que pagara su deuda. Los chismorreos del barrio reflejaban el mismo sentimiento, y la indignación contra Martin era enorme. Nadie quería tener nada que ver con un traidor socialista. La pobre Maria estaba confusa y asustada, pero permaneció leal. Los niños del vecindario, recuperados ya de la impresión que les había causado el elegante carruaje que había visitado una vez a Martin, le llamaban «vagabundo» y «holgazán» a una distancia prudencial. Los pequeños Silva, sin embargo, le defendían incondicionalmente, librando más de una batalla campal por su honor; los ojos morados y las narices sangrantes se convirtieron en algo habitual y aumentaron la perplejidad y las dificultades de Maria.
En una ocasión, Martin se encontró con Gertrude por la calle, en Oakland, y se enteró de algo que no le sorprendió nada: Bernard Higginbotham estaba furioso con él por haber deshonrado a la familia, y había prohibido que Martin volviera a entrar en su casa.