Martin Eden
Martin Eden —¿Por qué no te marchas, Martin? —le habÃa suplicado Gertrude—. Vete, busca un trabajo y echa raÃces en algún lugar. Más adelante, cuando todo esto se olvide, podrás volver.
Martin movió la cabeza, pero no dio la menor explicación. ¿Qué podÃa explicar? Estaba consternado por el terrible abismo intelectual que se abrÃa entre él y los suyos. Nunca podrÃa cruzarlo y explicarles su posición… la posición de Nietzsche, en relación con el socialismo. No habÃa palabras suficientes en su idioma, ni en ningún otro, para que su actitud y su conducta pudieran resultar inteligibles para ellos. Su concepto más elevado de una conducta correcta era, en el caso de Martin, conseguir un empleo. Era lo único que sabÃan decir. No tenÃan otro léxico. ¡Buscar un empleo! ¡Trabajar!
«Pobres y estúpidos esclavos», pensó mientras su hermana seguÃa hablando.
No era de extrañar que el mundo perteneciera a los fuertes. Los esclavos estaban obsesionados con su propia esclavitud. El trabajo era para ellos un fetiche de oro ante el que se arrodillaban para adorarlo.
Movió la cabeza de nuevo cuando Gertrude le ofreció dinero, aunque sabÃa que ese mismo dÃa tendrÃa que volver a la casa de empeños.