Martin Eden
Martin Eden Algunas veces echaba una ojeada a periódicos y revistas para ver cómo maltrataban «Las cosas efímeras». Había sido un éxito. Pero ¡qué éxito! Todo el mundo lo había leído, y todo el mundo discutía si se trataba o no de verdadera poesía. La prensa local se ocupaba del tema, y diariamente se publicaban columnas de sabias críticas, ingeniosos editoriales y sesudas cartas de los suscriptores. Helen Della Delmar (proclamada a bombo y platillo la mejor poetisa de los Estados Unidos) negaba a Brissenden un lugar a su lado a lomos de Pegaso[33] y escribía voluminosas cartas al público demostrando que no era un poeta.
El siguiente número de The Parthenon se felicitaba por la conmoción que el poema había causado, burlándose de sir John Value y explotando la muerte de Brissenden con el más despiadado mercantilismo. Un periódico con una tirada de medio millón de ejemplares publicó un poema original y espontáneo de Helen Della Delmar en el que se reía y se mofaba de Brissenden. Firmaba, asimismo, un segundo poema donde trataba de parodiarle.