Martin Eden
Martin Eden Martin se alegró muchas veces de que Brissenden estuviera muerto. Había odiado a las masas, y lo más hermoso y sagrado de él había sido arrojado a ellas. La vivisección de la Belleza prosiguió día tras día. Todos los necios del país quisieron ver su opinión impresa, y ondearon en público sus pequeños y marchitos egos aprovechándose de la grandeza de Brissenden. Un periódico decía: «Hemos recibido la carta de un caballero que escribió un poema igual, sólo que mejor, hace algún tiempo». Otra publicación, con la mayor seriedad, reprobaba a Helen Della Delmar por su parodia y añadía: «No cabe duda de que la señorita Delmar escribió sus versos en broma y sin el respeto que un poeta debería profesar a otro, sobre todo si es el más grande. Sin embargo, esté o no celosa la señorita Delmar del hombre que creó “Las cosas efímeras”, lo cierto es que ella, al igual que miles de personas, se siente fascinada por su trabajo, y no sería extraño que algún día tratara de escribir versos como los suyos».