Martin Eden
Martin Eden Entretanto, se dejaba llevar por la corriente, descansando y recuperándose después de su larga travesía por el reino del conocimiento. Cuando The Parthenon le envió el cheque de trescientos cincuenta dólares, se lo remitió al abogado local de Brissenden para que lo entregara a su familia. Martin cogió el recibo del cheque y, al mismo tiempo, entregó otro a nombre de Brissenden por los cien dólares que le había prestado.
Martin dejó de frecuentar muy pronto los restaurantes japoneses. Justo en el momento en que abandonaba la lucha, todo cambió. Pero era demasiado tarde. Abrió sin la menor emoción un delgado sobre de The Millennium, vio un cheque de trescientos dólares y anotó en su cuaderno que era el pago por la publicación de «Aventura». Todas sus deudas, incluyendo al prestamista con sus intereses usureros, no llegaban a los cien dólares. Y, después de pagarlas y de devolver los cien dólares de Brissenden a su abogado, le quedaron más de cien dólares en el bolsillo. Encargó un traje al sastre y comió en los mejores cafés de la ciudad. Seguía durmiendo en su pequeño cuarto en casa de Maria, pero, al ver su nuevo atuendo, los niños del vecindario dejaron de llamarle «vagabundo» y «holgazán» desde los tejados de los cobertizos y los jardines traseros.