Martin Eden
Martin Eden Él se quedó unos instantes desconcertado. Entonces adivinó la causa de su agitación y le enseñó la carta que Meredith & Lowell le habÃa enviado con el cheque. Gertrude la leyó con atolondramiento, deteniéndose de vez en cuando para enjugarse los ojos, y, cuando hubo terminado, dijo:
—Entonces ¿has conseguido el dinero honradamente?
—Más honradamente que si me hubiera tocado la loterÃa. Lo he ganado.
Ella recuperó poco a poco la confianza, y releyó detenidamente la carta. Martin necesitó bastante tiempo para explicarle la naturaleza de la transacción que habÃa puesto aquel dinero en sus manos, pero le costó mucho más que ella comprendiera que el dinero era realmente suyo y que él no lo necesitaba.
—Lo ingresaré en el banco a tu nombre —exclamó Gertrude finalmente.
—No harás nada de eso. Es tuyo, puedes hacer lo que quieras, y, si no lo aceptas, se lo daré a Maria. Ella sabrá cómo gastarlo. Aunque te sugiero que contrates a una criada y te tomes un buen descanso.
—Se lo contaré todo a Bernard —anunció Gertrude al despedirse.
Martin hizo un gesto, y después sonrió burlón.
—Está bien, hazlo —dijo—. Tal vez asà me invite a comer de nuevo.