Martin Eden
Martin Eden Alzó la mano, frotándose la yema del pulgar contra la palma callosa y mirando fijamente la suciedad, tan incrustada en su piel que ningún cepillo podría eliminarla. ¡Qué diferente era la palma de ella! Se estremeció de placer al recordarla. Parecía un pétalo de rosa, pensó; fría y suave como un copo de nieve. Jamás se le había ocurrido que una simple mano de mujer pudiera ser tan suave y delicada. Se sorprendió imaginando lo maravillosa que sería la caricia de una mano así, y se ruborizó sintiéndose culpable. Era un pensamiento demasiado grosero. En cierto modo, parecía empañar su pureza. Ella era un espíritu pálido y delicado que se elevaba por encima de la carne; y, sin embargo, la suavidad de aquella palma perduraba en su memoria. Estaba acostumbrado a la dureza de las muchachas y de las mujeres que trabajaban en las fábricas. Sabía bien por qué sus manos eran ásperas; pero aquella mano suya… Era suave porque jamás había tenido que trabajar. El abismo pareció ensancharse entre los dos ante la visión abrumadora de una persona que no estaba obligada a ganarse la vida. Comprendió de pronto la aristocracia de las personas que no trabajaban. Se le apareció, en la pared, una figura gigantesca de bronce, arrogante y poderosa. Él había trabajado; sus primeros recuerdos estaban vinculados al trabajo, toda su familia había trabajado. Allí estaba Gertrude. Cuando sus manos no estaban encallecidas por las interminables tareas domésticas, se hallaban hinchadas y enrojecidas por la colada. Y también su hermana Marian. Había trabajado en una fábrica de conservas el verano pasado y sus preciosas manos estaban llenas de cicatrices de los cuchillos de partir tomates. Además, el invierno anterior había perdido las yemas de dos dedos en la máquina cortadora de la fábrica de cartón. Recordaba las palmas endurecidas de su madre cuando yacía en el ataúd. Y su padre había trabajado hasta el último estertor; los callos de sus manos debían de medir media pulgada cuando murió. Pero Sus manos eran suaves, y también las de su madre, y las de sus hermanos. Este pensamiento le sorprendió; mostraba claramente lo elevado de su linaje, la enorme distancia que los separaba.