Martin Eden
Martin Eden —Sólo hay un problema con ese plan —exclamó en voz alta—. Ya tengo una cita.
Los ojos de la joven reflejaron su desilusión.
—Supongo que tienes que hacer compañÃa a un amigo enfermo —comentó con desdén.
—No, tengo una cita de verdad… —titubeó— con una chica.
—¿Seguro que no me engañas? —preguntó ella, gravemente.
—Estoy diciendo la verdad —repuso él mirándola a los ojos—. Pero ¿por qué no quedamos otro dÃa? Aún no me has dicho tu nombre… ni dónde vives.
—Me llamo Lizzie —contestó la muchacha, ablandándose un poco, al tiempo que le apretaba el brazo y apoyaba su cuerpo en él—. Lizzie Connolly. Y vivo en Market Street número cinco.
El joven conversó unos minutos más antes de despedirse. No se fue directamente a casa; y, bajo el árbol donde se apostaba por las noches, miró hacia la ventana y murmuró:
—Esa cita era contigo, Ruth. La reservaba para ti.