Martin Eden
Martin Eden Había transcurrido una semana de intensa lectura desde la tarde en que conoció a Ruth Morse y seguía sin atreverse a visitarla. Una y otra vez se armaba de valor para hacerlo, pero su determinación parecía esfumarse ante las dudas que le asaltaban. No sabía cuál era la hora más oportuna, ni conocía a nadie que pudiera decírselo, y temía cometer un error irreparable. Desligado de sus viejos compañeros y de sus viejas costumbres, y sin tener amistades nuevas, sólo le quedaba entregarse a la lectura; y las largas horas dedicadas a esta actividad habrían estropeado la vista de dos docenas de ojos normales. Pero los suyos eran fuertes, y estaban acompañados de un cuerpo extremadamente vigoroso. Además, su cerebro era un erial. En lo que concernía a las ideas abstractas de los libros, llevaba toda su vida sin cultivar, y estaba listo para la siembra. El estudio jamás lo había fatigado, y se aferraba al conocimiento con dientes afilados para impedir que se escapara.