Martin Eden
Martin Eden Su existencia anterior le parecía tan lejana que, al final de la semana, tenía la impresión de haber vivido varios siglos. Pero le decepcionaba su falta de preparación. Intentaba leer libros que exigían años de especialización previa. Leía un libro de filosofía antigua, y al día siguiente otro de filosofía ultramoderna, y las ideas contradictorias daban vueltas en su cabeza. Lo mismo le ocurría con los economistas. En un estante de la biblioteca descubrió a Karl Marx, Ricardo, Adam Smith y Mill, y las fórmulas abstrusas de uno no lograban explicarle por qué las ideas de otro eran obsoletas. Estaba desconcertado, pero quería aprender. En un solo día se despertó su interés por la economía, la industria y la política. Al cruzar el parque del ayuntamiento había visto, en medio de un círculo de personas, a media docena de hombres que, con los rostros encendidos, discutían acaloradamente. Se unió a los espectadores, y escuchó una lengua nueva y extraña de boca de los filósofos del pueblo. Uno era un vagabundo, otro un sindicalista, el tercero un estudiante de derecho, y los restantes locuaces trabajadores. Por primera vez oyó hablar de socialismo, anarquismo e impuesto único, y aprendió que existían filosofías sociales enfrentadas. Escuchó infinidad de palabras técnicas nuevas para él, que pertenecían a campos del pensamiento en los que sus escasas lecturas no se habían adentrado. Por ese motivo era incapaz de seguir bien la discusión, y sólo podía hacer conjeturas sobre las ideas que escondían aquellas extrañas expresiones. Había un camarero de ojos negros teósofo, un miembro del sindicato de panaderos agnóstico, un anciano que sorprendía a todos con la curiosa filosofía de que «lo que es, está bien», y otro anciano que disertaba sin cesar sobre el cosmos y el padre átomo y la madre átomo.