Martin Eden
Martin Eden Martin Eden estaba de lo más confuso cuando se marchó después de varias horas, y corrió a la biblioteca para buscar las definiciones de un montón de palabras que no conocía. Y, al regresar a casa, llevaba bajo el brazo cuatro libros: La doctrina secreta, de madame Blavatsky, Progreso y pobreza, La quintaesencia del socialismo, y Guerra entre religión y ciencia. Desgraciadamente, empezó por La doctrina secreta. Cada línea estaba plagada de palabras complicadísimas que no entendía. Sentado en la cama, miraba más el diccionario que el libro. Consultaba tantas palabras que, cuando volvían a aparecer, había olvidado su significado y tenía que volver a buscarlas. Se le ocurrió escribir las definiciones en un cuaderno, y llenó páginas y páginas con ellas. Pero seguía perdido. Se quedó leyendo hasta las tres de la madrugada, y en su cabeza reinaba el caos, pero fue incapaz de comprender aquel texto. Levantó la vista del libro, y tuvo la sensación de que la habitación se elevaba, escoraba y volvía a hundirse como un barco en medio del mar. Entonces arrojó al suelo La doctrina secreta soltando juramentos, apagó la luz y logró conciliar el sueño. No tuvo mucha más suerte con los otros tres libros. No es que su cerebro fuese torpe o poco capaz; de no haber sido por su falta de preparación y su escaso vocabulario, habría entendido aquellos conceptos. Lo adivinó, y, durante algún tiempo, acarició la idea de leer únicamente el diccionario hasta dominar todas sus palabras.