Martin Eden
Martin Eden —Oh —exclamó su interlocutor, comprensivo.
—¿Cuál es el mejor momento para ir? ¿Por la tarde… pero no muy cerca de la comida? ¿Por la noche? ¿Un domingo?
—¿Por qué no la llama por teléfono y lo averigua? —dijo el bibliotecario con expresión animada.
—Es lo que haré —replicó Martin, cogiendo sus libros y empezando a alejarse.
Entonces se dio la vuelta y preguntó:
—Cuando se habla a una señorita… por ejemplo, a la señorita Lizzie Smith… ¿hay que llamarla «señorita Lizzie» o «señorita Smith»?
—«Señorita Smith» —dijo el bibliotecario con convicción—. Siempre «señorita Smith»… hasta que tenga más confianza con ella.
Y fue asà como Martin Eden resolvió el problema.
—Puede usted venir cuando quiera; estaré en casa toda la tarde —respondió Ruth por teléfono cuando él le preguntó tÃmidamente en qué momento podÃa devolverle los libros.