El terror en la literatura
El terror en la literatura De los innumerables imitadores de la señora Radcliffe, el novelista norteamericano Charles Brockden Brown destaca como el más próximo en espÃritu y método. Como ella, él dañaba sus creaciones con explicaciones lógicas; y también como ella, tenÃa un extraordinario poder atmosférico que confiere a sus horrores una terrorÃfica vitalidad en tanto en cuanto permanecen inexplicados. Se diferenciaba en descartar con desdén la parafernalia y las caracterÃsticas externas góticas y se decantaba por escenarios de la Norteamérica moderna para sus misterios; pero su rechazo no se extendÃa al espÃritu gótico y al tipo de incidente. Las novelas de Brown incluyen algunas escenas de terror memorables, y supera incluso a la señora Radcliffe a la hora de describir el funcionamiento de una mente perturbada. Edgar Huntly comienza con un sonámbulo excavando una tumba, pero más tarde queda impedido por los toques del didacticismo godwiniano. Ormond gira en torno al miembro de una siniestra hermandad secreta. Ésta y Arthur Mervyn describen una plaga de fiebre amarilla que el autor habÃa presenciado en Filadelfia y Nueva York. Pero el libro más famoso de Brown es Wieland, o la transformación (1798), en la cual un alemán de Pensilvania, asolado por una oleada de fanatismo religioso, oye «voces» y asesina a su mujer y a sus hijos como sacrificio. Su hermana Clara, quien narra la historia, escapa por poco. La escena, situada en los bosques de Mittingen, en los remotos confines de Schuylkill, está descrita con extrema viveza; y los terrores de Clara, asediados por las notas espectrales, los temores crecientes y los extraños pasos en la solitaria casa, están construidos con verdadera fuerza artÃstica. Al final, se ofrece una poco convincente explicación relacionada con la ventriloquia, pero la atmósfera es genuina mientras dura. Carwin, el malvado ventrÃlocuo, es el tÃpico villano de la clase de Manfred o Montoni.