El terror en la literatura
El terror en la literatura Los colaboradores Erckmann-Chatrian enriquecieron la literatura francesa con muchas fantasías espectrales como «Hugo el lobo», en la cual una maldición hereditaria llega a su fin en el tradicional entorno del castillo gótico. Su poder para recrear una espeluznante atmósfera de media noche era tremenda a pesar de su tendencia hacia las explicaciones naturales y los prodigios científicos; y unos cuantos relatos cortos contienen más terror que «El ojo invisible», donde una malvada y vieja bruja lanza hipnóticos encantamientos nocturnos que inducen a los sucesivos ocupantes de cierta habitación de una posada a colgarse de una viga. «The Owl’s Ear» y «The Waters of Death» están llenos de envolvente oscuridad y misterio; el segundo relato presenta el familiar tema de la araña gigante al que tan a menudo recurren los escritores de ficción más aficionados a lo sobrenatural. Villiers de l’Isle-Adam también siguió la escuela macabra. «La tortura por la esperanza», una historia de un prisionero condenado a la hoguera al que se le permite escapar para que sienta el calvario de volver a ser atrapado, constituye para algunos el relato corto más angustiante de la literatura. No obstante, este tipo de relato es menos una sección de la tradición sobrenatural que un tipo de relato en particular: el llamado conte cruel, en el cual el desgarro de las emociones se logra a través de dramáticos tormentos, frustraciones y macabros terrores físicos. Prácticamente dedicado por entero a esta rama está el escritor contemporáneo Maurice Level, cuyos breves episodios se han prestado tan favorablemente a la adaptación teatral en «thrillers» en el Grand Guignol. De hecho, el genio francés está más dotado de forma natural para este oscuro realismo que para sugerir lo no visible, puesto que este último proceso requiere, para su mejor y más empático desarrollo a gran escala, el inherente misticismo del pensamiento del norte.