El terror en la literatura
El terror en la literatura Luego está el indescriptible señor Valdemar, incorrupto gracias a la hipnosis siete meses después de su muerte, y la pronunciación de unos desesperados sonidos un momento antes de romper el encantamiento lo convierten «en una masa casi líquida de odiosa y repugnante descomposición». En la Narración de Arthur Gordon Pym, los viajeros primero llegan a una extraña tierra de sanguinarios salvajes en el Polo Sur, donde nada es blanco y donde los enormes barrancos rocosos tienen la forma de inmensas letras egipcias que conforman los terribles arcanos originales de la Tierra; y después, hay un reino aún más misterioso donde todo es blanco, y donde unos gigantes cubiertos con túnicas y unas aves de plumas nivales protegen una críptica catarata de niebla que mana desde inconmensurables alturas celestiales a un tórrido mar lechoso. «Metzengerstein» horroriza con sus malvadas insinuaciones de una monstruosa metempsicosis: el perturbado noble que incendia el establo de su ancestral enemigo; el colosal caballo desconocido que aparece en el edificio en llamas después de que el dueño fallece en el interior; el fragmento que desaparece del tapiz donde se mostraba el gigantesco caballo del antepasado de la víctima en las Cruzadas; el salvaje y continuo viaje del perturbado a lomos del caballo gigante, y su miedo y odio hacia el corcel; las profecías indescifrables que se ciernen oscuramente sobre las casas enfrentadas; y finalmente, el incendio del palacio del loco y la muerte en su interior del propietario, que es arrastrado impotente a las llamas y escalera arriba a horcajadas de la bestia que tan extrañamente ha montado. Después, el humo ascendente de las ruinas toma la forma del caballo gigante. «El hombre de la multitud», que cuenta la historia de un hombre que merodea noche y día para mezclarse con oleadas de gente como si temiera estar solo, tiene un efecto más sereno, pero no implica menos terror cósmico. La mente de Poe nunca se alejaba del terror y la decadencia, y vemos en cada relato, poema y diálogo filosófico una tensa impaciencia por comprender los inexplorados pozos de la noche, por atravesar el velo de la muerte, y por reinar en la fantasía como el señor de los terroríficos misterios del tiempo y el espacio.