El terror en la literatura
El terror en la literatura Poe representa la más nueva, desencantada y técnicamente más acabada de las escuelas sobrenaturales que emergieron de este propicio medio. Otra escuela —la tradición de los valores morales, la educada contención y la moderada y relajada fantasÃa salpicada en mayor o menor medida con lo quimérico— estaba representada por otra solitaria, famosa e incomprendida figura de las letras norteamericanas: el tÃmido y sensitivo Nathaniel Hawthorne, vástago de la antigua Salem y bisnieto de uno de los más sanguinarios jueces de brujerÃa. En Hawthorne no encontramos en absoluto la violencia, la osadÃa, el estridente colorido, el intenso sentido dramático, la malicia cósmica y el arte impersonal y sin reservas de Poe. En cambio, nos hallamos ante una alma delicada atrapada por el puritanismo de la Nueva Inglaterra temprana; ensombrecida y melancólica, y apenada por un universo inmoral que en todas partes trasciende los patrones convencionales concebidos por nuestros padres fundadores para representar la divina e inmutable ley. El mal, una fuerza muy real para Hawthorne, aparece en cada individuo como un indefinible y victorioso adversario; y el mundo visible se convierte en su imaginación en un teatro de infinitas tragedias y desgracias, con invisibles influencias existentes a medias cerniéndose sobre él e inmiscuyéndose en el mismo, luchando por la supremacÃa y moldeando los destinos de los desventurados mortales que forman su inútil e ilusa población. La herencia del folclore sobrenatural norteamericano era suya en el grado más intenso, y él veÃa una deprimente turba de borrosos espectros detrás de los fenómenos corrientes de la vida; pero estaba lo suficientemente interesado como para no valorar las impresiones, sensaciones y bellezas de la narración sólo en sà mismas. Necesitaba entretejer su fantasÃa en una urdimbre discretamente melancólica de influjo alegórico o didáctico, en el cual su dócilmente resignado cinismo podÃa poner de manifiesto, con un inocente elogio moral, la perfidia de la raza humana que él no podÃa dejar de apreciar y llorar a pesar del profundo conocimiento que tenÃa de su hipocresÃa. Por lo tanto, el terror sobrenatural nunca es el tema principal de Hawthorne, a pesar de que el impulso del mismo estaba tan hondamente grabado en su personalidad que no podÃa evitar sugerirlo con la fuerza del genio cuando recurrÃa al mundo irreal para ilustrar el meditabundo sermón que deseaba impartir.