En las montañas de la locura
En las montañas de la locura El efecto que causaba aquel monstruoso panorama era indescriptible, pues desde el primer momento pareció evidente una demoníaca violación de las leyes naturales conocidas. Allí, sobre una altiplanicie diabólicamente antigua, a veinte mil pies cumplidos de altura, y en medio de un clima mortífero desde una era anterior a la humanidad de por lo menos quinientos mil años de antigüedad, se extendía hasta donde alcanzaba la vista un conjunto ordenado de piedra que solamente la defensa instintiva y desesperada de la razón podía atribuir a otra cosa que no fuera una causa consciente y artificial. Habíamos ya desechado como ajena a la razón la teoría de que los cubos y los bastiones de las laderas tuvieran un origen no natural. ¿Cómo podía haber sido de otro modo, si el hombre apenas se diferenciaba del mono cuando aquella región sucumbió al actual reino perpetuo de la muerte glacial?